Nuestro colegio

Nuestro colegio tiene el claro objetivo de convertirse en una entidad prestadora de servicios a los miembros de la profesión y por lo tanto a la sociedad en general. También se profundiza en el asesoramiento, formación y divulgación técnica y cultural de todo lo relacionado con la profesión.

Con esta página web, el Colegio pretende potenciar su vocación de servicio y simplificar tanto la realización de trámites como la obtención de información de todo tipo, así como ofrecer a la sociedad la posibilidad de que conozcan más a fondo nuestra profesión y la institución que nos representa. 

JUNTA DE GOBIERNO

 

Horario Colegial de atención al público

Jornada de Invierno De lunes a viernes: De 9:00 h. a 13:30 h. Jueves: de 16:45 h. a 19:00 h.  
Jornada de Verano De lunes a viernes: De 9:00 h. a 13:00 h.  

   

 

Sede Pontevedra

Calle Enfesta de San Telmo Nº 23
986 85 13 70
delegacionpo@coaatpo.es

 

Uno de los lugares más singulares del casco histórico de Pontevedra. Un amplio espacio urbano donde la trama de la ciudad parece haberse interrumpido. Un edificio entrelazado en la memoria de todos los pontevedreses y recuperado, en un respetuoso trasvase del ámbito privado al público, tras un proyecto de rehabilitación. El resultado de una transformación: la nueva sede del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Pontevedra.

El lugar, soporte físico que sustenta toda creación arquitectónica, se forjó anclado en la propia génesis histórica de la ciudad, con una condición de borde urbano que aún hoy lo caracteriza.

Cuando la ciudad apenas era un pequeño burgo, alguna de sus primeras empalizadas terminaban en la antigua rua dos Cans, de modo que el espacio inmediato y exterior al burgo, en esta parte, lo constituía la que, con el tiempo, sería conocida como plaza del Muelle, que tanta importancia tendría en el pasado marinero de Pontevedra.

ACERCA DEL EDIFICIO

Y si la importancia del lugar es reconocida ya en los primeros pasos de la historia de la ciudad, otro tanto ha de ocurrir con el edificio que nos ocupa. Efectivamente, en todos los planos, reales o hipotéticos, que dibujan el recinto amurallado, se grafía la presencia de la planta de una edificación que, sin duda, es la base del edificio que ha llegado a nuestra actualidad, no exento de importantes modificaciones: el plano que levantó en 1856, D. Francisco Coello, los correspondientes a las hipótesis que, D. Celso García de la Riega y la Sociedad Arqueológica de Pontevedra realizan en los primeros años del siglo pasado; el que refleja los estudios de D. Casto Sampedro Folgar, también en los posteriores de Álvarez Limeses y Novás, que son de 1936 y 1941, respectivamente. Asimismo, en el plano levantado por el Ayuntamiento de la ciudad en 1905, se recoge la existencia de una edificación en este mismo lugar. Junto a estas fechas, otras constituyen auténticos hitos en la historia del edificio:

En 1876, el arquitecto municipal D. Alejandro Sesmero realiza una propuesta para ejecutar "Mejoras en el ornato y alineaciones de la Plaza del Muelle y situación de una nueva Fuente", plano en el que figura la planta del edificio que nos ocupa, entonces propiedad de D. Francisco M. González.

En el Archivo Municipal de Pontevedra se conserva otro plano, también del Siglo XIX, en el que se proponen otras nuevas alineaciones para responder a las importantes modificaciones que el desarrollo urbano esta imponiendo en esta parte de la ciudad.

En 1931, se acometen obras para la adición de una planta, ya que hasta ese momento solo tenia una, y es a mediados de los años 50, cuando, según proyecto de D. Juan Argenti Navajas, se añade una nueva planta con un espacio abuhardillado en cubierta, que define ya la silueta definitiva del edificio hoy conocido, con sus balcones y galerías. Otra fecha más reciente, mayo de 2002, se incorporó ya a la andadura histórica del edificio. El Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Pontevedra convoca un concurso restringido, que se resuelve con la adjudicación del proyecto al Arquitecto D. Celestino Garcia Brana, proyecto del que emerge el espacio restaurado, inaugurado tres años más tarde.

AISLADO Y PROTAGONISTA

Los datos que provee la historia y el análisis del espacio en el que se inserta el inmueble se convirtieron en referencia ineludible del proyecto. Se interrogó, por tanto, al edificio sobre su propia naturaleza, una naturaleza modelada en diálogo con su entorno urbano; sólo así fue posible alcanzar un consenso entre pasado y futuro, entre el ayer del edificio y el hoy de las nuevas circunstancias o usos previstos.

Para la definición del edificio en relación a la ciudad que le rodea, varios rasgos dibujaron su carácter: su aislamiento y su protagonismo en el espacio abierto que le acoge, pese a la presencia de un muro de contención de los jardines del parador de turismo y las fachadas de la Rúa de San Telmo; su situación como eje de conexión de dos jardines; su inclinación hacia el mar, hacia esa ría que se adivina desde sus dos fachadas…

UN EDIFICIO MODESTO, "DOMÉSTICO"

En el caso de este inmueble, el principal valor que la intervención debió abordar con responsabilidad fue su emplazamiento, punto de partida y preexistencia permanente en su origen y en todas sus sucesivas reformas. Su singularidad ciudadana estriba no tanto en sus valores arquitectónicos como en su propia condición urbanística: aislado, situado entre plazas y jardines, erigido como remate de la transitada Rúa de San Telmo, exhibe con modestia sus tres plantas que se apoyan en adustos muros de piedra y con las tradicionales carpinterías de madera, propias de un edificio con vocación "doméstica".

TRANSPARENCIA Y FLEXIBILIDAD

El proyecto arquitectónico partió de la premisa básica de un exigido cambio de escala determinado por factores técnicos y espaciales: se trataba de transformar su inicial uso privado, propiciando su radical apertura hacia usos públicos. Este imperativo, que aconsejó el vaciado total del inmueble, conllevó la incorporación de la flexibilidad como esencia del programa que se estaba abordando. Una flexibilidad que fue también transparencia en el diseño de unas áreas de trabajo definidas, pero siempre abiertas y relacionadas con las demás.

La naturaleza del edificio impuso sus propias condiciones al desarrollo del proyecto: del dibujo de los huecos de las fachadas, de su distribución ordenada relacionada con el tamaño y forma de la planta, se ha hecho derivar una iluminación natural uniforme en todo el interior; de la forma y distribución de los muros perimetrales de piedra, para los que siempre se quiso mantener su condición portante, surgió la idea de resolver la estructura completándola con dos únicos muros de hormigón; del espacio abuhardillado en la cubierta, surge la propuesta de una luz del norte que, diagonalmente, atraviesa todo el edificio llegando hasta el espacio de entrada, resaltando un espacio central que aloja las escaleras y las dos puertas que relacionan de modo inmediato los dos significativos espacios exteriores: los Jardines del Parador y Plaza del Muelle; en fin, de la necesidad de arriostramiento de los muros de hormigón surgió una bóveda invertida, aérea, desconectada de los muros de piedra....

LAS ESCALERAS: ENTRE LA LEVEDAD Y EL HORMIGÓN

Intuición profesional del equipo técnico encargado de materializar el proyecto, o pura exigencia silenciosa de un edificio que regresa desde la historia para encarar el futuro con una imagen remozada, las escaleras de hormigón fueron el aspecto más complejo de la intervención. En permanente proyección desde el primer momento, fueron definiendo sus contornos a medida que se asentaba el resto de los elementos del conjunto.

Su forma, su materialidad definitiva, son resultado del consenso entre la levedad y el hormigón Incógnita hasta el final, constituye hoy una de las señas de identidad más evidentes del inmueble rehabilitado. La estructura, limitada a dos muros paralelos de hormigón, sugiere un espacio potente, organizador, que se rodea o se atraviesa, en el que se sitúan las escaleras y en el que confluyen las dos entradas. Se levantaron sobre un micropilotaje a fin de no dañar posibles restos arqueológicos que se situaran en capas inferiores del terreno. Hormigón y piedra se contraponen y enlazan, aunque con lógicas internas diferentes.

Un sistema de vigas de madera enlaza muros de hormigón y muros de piedra en un tramado claramente legible. Este forjado de vigas de madera responde, más a una cuestión urbana que estrictamente constructiva, que pretende, como ha ocurrido siempre en los cascos históricos, que su visualización desde la calle, de modo especial durante la noche en la que los contraluces los muestran más explícitos y brillantes, sirva de contrapunto necesario entre la idea de interior y la de lo publico, lo abierto.

En el interior, los trasdosados de los muros de piedra se pintan al aceite, y los espacios se pavimentan con madera de elondo.

En los huecos de la planta baja, los elementos protectores de acero "corten" dan respuesta a tres problemas funcionales básicos: la protección, la iluminación interior y la materialidad. Las hojas de carballo evocan la presencia de los jardines inmediatos....

Los efectos de iluminación, los reflejos y las transparencias que originan, aunque en cierto modo previsibles, no dejan de producir algunas sorpresas agradables.

RESPETO A LO PREEXISTENTE

La intervención en la fachada del edificio se rige por el máximo respeto a lo preexistente: respeto hacia balcones y galerías, cuyas partes dañadas se reponen; respeto en una limpieza de la piedra que se ejecuta de manera muy superficial para no deshacer la impronta rotunda de los años, la pátina del tiempo.

El cambio más destacable atañe a las antiguas carpinterías, aquejadas de una escasa funcionalidad, que ahora se pueden abrir al interior y acentúan la verticalidad de los huecos en su nueva formulación.

Los remates de la cubierta de teja se ejecutan en cobre al igual que las cuatro bajantes, que afirman su presencia mediante potentes gárgolas y separación intencionada de la fachada, a fin de afirmar su presencia, tan importante como la de cualquier otro elemento construido.

La iniciativa del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos devuelve a Pontevedra una parte de su memoria, de su historia. Contribuye a aumentar su rico patrimonio cultural; ofrece caminos sorprendentes a quienes discurren ahora por los distintos espacios del inmueble, unos trayectos que no se acaban en un deslumbramiento momentáneo y que tienen, en cambio, propósito de permanencia. 

CELESTINO GARCIA BRAÑA

Arquitecto autor del proyecto y director de obra

En el trabajo arquitectónico que atiende a la Rehabilitación, siempre hay una compleja red de decisiones que implica escoger lo que se conserva y decidir lo que se desecha, algunas veces, aunque siempre con meditación cuidadosa, es cuestión de intuición, otras de argumentos poderosos, pero siempre con la intención de dejar el todo final perfectamente asentado, encajado, dispuesto para alojar una nueva vida, para seguir ocupando un lugar en la historia, un poco al modo de una tejedora que elige entre sus hilos los mas convenientes a cada caso, colcha, vestido, mantilla, probando aquí y allá, a veces deshaciendo y otras ejecutando alborozadamente.

Porque un edificio, llegado a un punto, se va construyendo a sí mismo, pide unas decisiones, rechaza también imposiciones que al arquitecto pudieron serle muy convincentes en un inicio,  construir así es un privilegio, aunque alguien dirá que no es muy moderno; en las raras ocasiones en que es posible es un buen modo que suele conducir a resultados finales equilibrados, contundentes, identificatorios.

La ejecución de las escaleras de hormigón es buen ejemplo de lo dicho. Su forma final, incluso su materialidad, se decidió a mitad de camino, con la obra avanzada, cuando los muros de hormigón tomaron forma definitiva, cuando se alteraron en ellos unos huecos, también cuando se comprendió la forma más eficaz de "colgar " y apoyar las escaleras, cuando el hormigón y la levedad se pusieron de acuerdo, …uno tiene la sensación de que son ellos los que entran en conflicto, y los que finalmente transmiten la solución. Porque, como era obvio, las escaleras se estuvieron pensando desde el principio, fueron el punto más difícil y desde luego una incógnita hasta el final, en una búsqueda lenta y trabajosa, también con riesgos. Atreverse a pensar es correr riesgos, atreverse a pensar y construir es contar con el patíbulo.

Agradezco infinitamente al Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos haber querido hacer las cosas bien, bien como su Junta Directiva y yo mismo lo hemos entendido, sabiendo el problema que teníamos entre manos y los objetivos que, como los mandamientos, se reducían a dos: Contribuir a aumentar el patrimonio cultural de Pontevedra, e introducirnos en el camino de lo sorpresivo pero sin buscar el deslumbramiento momentáneo.

Hasta aquí alguna explicación. A todos corresponde ahora juzgar, el edificio ha dejado ser nuestro. Juan Manuel Méndez Cadaveira ,sabio encargado de obra; José Luis Fernández Juanes, diligente jefe de obra; Roberto Matarranz López, colaborador indispensable; Julio Millara Turienzo, aparejador ejemplar; Eugenia Pardo González y Angel Alonso Méndez, arquitectos que me ayudaron en el proyecto.

Gracias a todos ellos porque es justo y bien se sabe que la arquitectura es un arte colectivo.

Celestino García Braña

Pontevedra Octubre 2005

 

ANTONIO ALVAREZ-OSSORIO Y COSTA

Presidente del Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de Pontevedra desde el año 1979 al año 2013

No era fácil el objetivo que nos propusimos al concebir la restauración y puesta en valor de un edificio emblemático del centro histórico de Pontevedra: más allá de servir de marco para la sede colegial del nuevo siglo, el proyecto perseguía ejemplificar la confianza de todo un colectivo profesional en la memoria urbana, contribuyendo así a la recuperación de su valioso entorno monumental.

Herederos de una tradición técnica, también quisimos una demostración práctica de nuestra idea de que una ciudad es la suma de los esfuerzos de todos sus ciudadanos, demostración que se hizo realidad con la inauguración de esta sede largamente esperada. La primera parte del proyecto comenzó a hacerse realidad con la adquisición de la llamada "Casona del Muelle", en pleno centro histórico de Pontevedra y uno de los pocos edificios exentos de esta importante zona monumental de Galicia. La recuperación de ese inmueble es el objeto de este libro, que propone un recorrido fotográfico por las distintas etapas del proyecto. Imagen y texto sirven, pues, para detallar una recuperación que quiso fundir un carácter conservacionista en el exterior, manteniendo la imagen de un edificio de solera y referente en su centro histórico, con un interior de vanguardia.

Nuestro compromiso no quiso pararse en servir de ejemplo de apuesta por el centro histórico sino ir más allá y brindar a los ciudadanos un nuevo espacio para la actividad cultural, de modo que la nueva sede dispone también de una sala de exposiciones que busca entroncar con la larga tradición de la ciudad como espacio para la reflexión artística y el debate. Finalizado el proyecto, es a los ciudadanos y ahora al lector a quien compete evaluar este esfuerzo por no ceder al olvido. En nuestro caso, la apuesta fue por recuperar lo mejor del pasado, conservándolo con estima, como plataforma para encarar el siglo XXI, un sueño, y conviene tomarse en serio los sueños, para convertirlos en metas del futuro.

Sede Vigo

Plaza de Portugal Nº 2 Bajo
986 43 40 66
delegacionvi@coaatpo.es
 

 

El Colegio se encuentra situado en el edificio de la Plaza de Portugal, 2 de la ciudad de Vigo, ocupando el bajo y la entreplanta del mismo. Dichas instalaciones fueron adquiridas en varias fases:

En 1969 siendo Presidente Don José Varela Grassi, se instala la sede del Colegio en uno de los bajos del edificio de la Plaza de Portugal, ocupando una superficie de 130,78 m/2, realizándose la primera reforma, por el Aparejador Don Emilio Cameselle Lago.

En 1981 se adquiere en el mismo edificio un local con una superficie de 14,22 m/2, que se une a las instalaciones ya existentes, siendo Presidente Don Antonio Alvarez-Ossorio y Costa.

En 1989, continuando como Presidente Don Antonio Alvarez-Ossorio y Costa, se adquiere el resto de la planta baja del Edificio y la entreplanta que se compone de dos fincas, con lo que el local pasa a tener una superficie total de 709 metros cuadrados.

La reforma llevada a cabo en los distintos locales que componen la Sede de la Delegación de Vigo, ha sido sobre el proyecto redactado por el Arquitecto Técnico Don Eduardo González Fernández, cuya dirección de ejecución de las obras y Coordinación de Seguridad de las mimas se llevó a cabo por Don Enrique Alonso.

En planta baja, el inmueble dispone de una amplia zona destinada al público, el despacho de la Secretaría Técnica de control y visado, despacho de colegiados, local de archivo y un salón de actos con capacidad para unas 50 personas, convertible ocasionalmente en sala de exposiciones con entrada independiente del resto del local.

La planta alta alberga los despachos del Presidente y Delegado, oficina del Gabinete Técnico, Gabinete Técnico de Seguridad, Oficinas administrativas, Sala de Juntas, Biblioteca con capacidad para 3.000 volúmenes, y un aula con medios audiovisuales con capacidad para unas 30 personas.

El Salón de actos de la planta baja está integrado en el aula Cultural cuyo espacio está dotado para exposiciones, inaugurándose la misma en diciembre de 2002, con pinturas del Arquitecto Técnicos Don Enrique Vázquez Freire, que fue Presidente del Colegio de A Coruña.

 

ACERCA DE LA PLAZA

La Plaza de Portugal, proyectada a finales de los años veinte del pasado siglo, fue inaugurada en 1933, con motivo de la celebración de una semana de Portugal en Vigo. Un año más tarde, el monumento a Luis de Camões, fue ofrecido a la ciudad por el Comité de la Exposición Colonial de Oporto, como homenaje de confraternidad, convirtiéndose su busto como un elemento fundamental de esta plaza. Lo realizó el renombrado escultor Souza Caldas, director de la Escuela Industrial de Oporto y que tenía su taller en Vila Nova de Gaia.

El proyecto de la Plaza de Portugal fue encargado por el alcalde Mauro Alonso al arquitecto municipal, Jenaro de la Fuente ya que tras la apertura de la calle República Argentina, había quedado un espacio en terraplén limitado además por las calles Rogelio Abalde y la actual Uruguay, que entonces se denominaba Laforet, que posteriormente ha sido objeto de grandes modificaciones por posteriores actuaciones que han condicionado de forma muy notable la concepción inicial de esta plaza y que prácticamente ha hecho desaparecer por completo la obra original.

Destacaban unas escaleras desde la calle Uruguay a cuyos lados había unas fuentes con tritones cruzados que fueron desmontadas cuando se construyó el aparcamiento subterráneo, dejando de ser una vía de comunicación entre calles, y los viandantes deben bordear la plaza por las aceras que la circundan, lo que condiciona notablemente la utilización de la misma y que actualmente se ve reducido casi exclusivamente a los vecinos de las edificaciones que limitan con esta plaza, así como aquellas personas que la utilizan para acceder a nuestro Colegio Profesional.

 

Contacto:

Plaza de Portugal 2 Bajo, Vigo
986 434 066
Enfesta de San Telmo 23, Pontevedra
986 851 370
Lunes-Viernes: 9:00 - 13:30
Jueves: 16:45 - 19:00
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